8 abr. 2016

SEGUNDA -Y ÚLTIMA- RONDA DE CONFIRMACIONES



La libanesa Zeina Abirached (Beirut, 1981) es una de las dibujantes de cómic autobiográfico más relevantes surgidas durante la última década. Con El juego de las golondrinas (2007), un libro en el que rememoraba su infancia en un Líbano en plena guerra civil, logró el aplauso internacional y la entrada a la Sección Oficial del Festival de Angulema. Su obra El piano oriental tiende puentes entre Oriente y Occidente gracias a la peripecia personal y a la memoria familiar, hilada a través de la presencia de un piano viajero, que presidirá su actuación en el escenario del Primera Persona.



Sergi Pàmies (París, 1960), uno de los cuentistas y articulistas más prestigiosos de las últimas décadas, decidió hacerse del Barça cuando llegó a Barcelona desde Francia porque uno de sus primos jugaba en la primera plantilla. Aquello no era fácil. Ahora los culés incluso han perdido su halo cenizo y su carácter congénitamente pesimista, pero no siempre fue así. Con Confessions d’un culer defectuós (Empúries) repasa su hooliganismo moderado y su pasión por el equipo blaugrana. Compartirá escenario con los responsables de la prestigiosa revista Panenka, la cabecera donde cultura, economía, sociología (en definitiva, la vida) se dan un abrazo de gol con la pasión por los escudos y por ese balón que mueve multitudes (de dinero y de almas). Pasiones antiguas, fútbol moderno y colores que no destiñen.

Uno galáctico y el otro cósmico. Uno surrealista y el otro psicodélico. Uno del Poble Sec, otro de la zona alta (aunque luego la dinamitaría con saña). Muchos les confunden o equiparan, pero estos dos caballeros no podrían ser más distintos. Jaume Sisa (Barcelona, 1948) y Pau Riba (Palma, 1948) son un par de músicos catalanes con común raigambre en la contracultura de los sesenta, dos iconoclastas de marca mayor que compartieron escuela en el mítico Grup de Folk pero despegaron, ¡zum!, hacia universos distintos. Sisa es Música Dispersa, Orgia, “Qualsevol nit pot sortir el sol”, traje y corbata, canción ligera y música de salón, Noche de San Juan, revetlla i el alter ego Ricardo Solfa. Riba es Dioptria, Eivissa, hippismo, peyote, semidesnudez escénica, teorías trans, Electròccid àccid alquimístic xoc y persona declarada non grata por los Castellers de Barcelona. Primera Persona les casa por lo civil y lo cósmico-galáctico en un escenario que raras veces han compartido en el pasado. A ver qué va a pasar.



A El Guincho no hay quien lo cace. Pablo Díaz Reixa (Las Palmas de Gran Canaria, 1983), personaje fogueado en el underground barcelonés, adoptó ese nombre para sus proyectos más personales. Desde entonces, su nombre (y su música) resonó en todos los continentes hasta convertirse en el músico independiente nacional con más prestigio y proyección global. Cada uno de sus discos ha sido un desmarque y una huida del anterior. Desde la psicodelia tropicalista de Alegranza (2008), una orgía rítmica y a la vez un estudio certero de las músicas insulares, hasta Pop Negro (2010), una reivindicación y un ensayo de las canciones en alta fidelidad. Esta obra le valió, entre otras cosas, una llamada de Björk, que reclamó sus servicios como productor. Hiperasia (2016), su álbum más roto, confesional y avanzado, supone la enésima pirueta, que lo lleva a aterrizar en el teatro del CCCB para reencontrarse con el público que lo vio emprender el vuelo y ante el que repasará su carrera con una conferencia musicada llena de sorpresas.


¿Quién paga por lo que otros esnifan? ¿Quién lo lleva a tu puerta? ¿Quién muere por ello? ¿Quién se beneficia, al final de todo el berenjenal? Los autores Nacho Carretero (periodista, autor de Fariña), Alberto Arce (periodista para Associated Press y The New York Times, autor de Novato en nota roja) y Juan Pablo Villalobos (novelista, autor de Fiesta en la madriguera) analizarán, por separado y a coro, cada uno en su particular estilo, el fenómeno del narcotráfico internacional. En Galicia, Honduras o México. El transporte, las víctimas, la violencia desencadenada, las consecuencias, las extravagancias de los traficantes, las montañas de dinero que se amasan y mueven, la complicidad de los gobiernos y el asentimiento tácito del mercado europeo o norteamericano. No es un trabajo agradable, el de estos tres, pero alguien tiene que hacerlo. Primera Persona les pone el escenario, luces y vestimenta. Las ideas, libelos y testimonios en primera, segunda o tercera persona son solo suyos.



Esa boquita, John Cooper Clarke (Salford, 1949). Esa boquita. Poeta punk, bardo de Salford, caricatura andante de sí mismo, escuálido dandi del inframundo y tipo afilado en general, John Cooper Clarke es uno de los artistas más procaces, mordaces y estimulantes de la poesía performance de todos los tiempos. La palabra es su estoque, su campo de batalla, su (a menudo única) herramienta. Sacó álbumes en sellos pop; compartió escenario (a solas, como un jabato) con músicos que imponían respeto como Sex Pistols, Buzzcocks, Elvis Costello o The Fall; Martin Hannett (de Factory Records) le produjo un disco; atravesó con dificultad una ominosa adicción a la heroína y unos días sin huella; compartió casa y vicio –pero no lecho- con Nico (Velvet Underground); protagonizó anuncios de cereales; desapareció y reapareció un par de veces; fans ilustres se fueron amontonando a su puerta (Arctic Monkeys, Plan B); la Universidad de Salford le concedió un título honorífico; puso música al final de un capítulo de Los Sopranos; y sigue aquí. Calzando botines de tacón cubano, con ese espléndido peinado nido-de-cigüeña, la lengua afilada como nunca y el cerebro en modo hipervelocidad. No se pierdan ni una coma.





Xavier Cugat siempre llevaba calcetines rojos. Xavier Cugat aparcaba su Rolls Royce delante de su casa en Barcelona: el Hotel Ritz. Xavier Cugat tocaba el violín, tocaba a muchas mujeres, tocaba mucho dinero gracias a grandes producciones de Hollywood donde enarbolaba su batuta. Xavier Cugat fue el primer gran catalán global y pop. No es raro que Jordi Puntí (Manlleu, Barcelona, 1967), uno de los autores catalanes más reputados (gracias a novelas como Maletes perdudes), se sintiese fascinado por su figura desde bien pequeño. Esa obsesión lo ha llevado a preparar una novela sobre la figura de Cugat. Para ello, ha pasado diez meses escrutando papeles en la biblioteca pública de Nueva York, absolutamente obsesionado con los chistes, marimbas y pillerías de su protagonista. En Primera Persona ofrecerá una conferencia. El título de trabajo da muchas pistas: Hotels, aviones y juzgados. O un intent de novelar la vida y Milagros de Xavier Cugat.

The June Brides son uno de los grupos más vivaces del indie pop original inglés, cosecha 1981-86. Aunque englobados a lo loco en la órbita C86 o twee, The June Brides eran más audaces, extraños y arrebatados que muchos de sus contemporáneos. Cantaban sobre estar “enfermo, cansado y borracho” y pertenecer-a-algo, con unas letras tan elevadas como las de The Smiths (a quienes teloneaban a menudo) y un pop tan emotivo como The Jam. Sonaban al trote, a medio descuajaringar, usaban trompeta mexicana y violín aullante, llevaban tupé y gafas y gabanes y jerséis de cuello de pico, registraron algunos de los singles más excitantes de la década, su álbum There are eight million stories fue #1 inglés y permaneció en el Top 10 durante 28 semanas. Paul Heaton (The Housemartins) y Robert Forster (The Go-Betweens) les adoraron y adoran aún. En el año 2016 siguen tan entusiastas y melódicos como siempre, y Primera Persona les fleta un avión destino al teatro del CCCB. ¡Por primera vez en Barcelona! (ojo).